Inactividad vs. Perdida de la Función

por el 01/05/13 at 5:20 pm

Inactividad vs. Perdida de la Función

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Una de las expresiones que más frecuentemente escuchamos entre nuestros relacionados y muchas veces nosotros mismos es “ya yo no puedo hacer eso”, refiriéndonos a cualquier nivel de esfuerzo o actividad física. Por ejemplo, “yo antes jugaba tenis pero ya no puedo jugar por el dolor de hombro”, “yo antes corría, pero las rodillas ya no me dejan hacer eso”, “yo hacía yoga, pero, ya no me puedo tirar en el piso”, etc. Le parece conocido?

La mayoría de las personas detienen la realización de cualquier actividad porque sienten una pérdida de funcionalidad física requerida para la acción, o porque les molesta la ejecución o la sienten incomoda o le produce dolor. Lo peor de todo es que esta pérdida de funcionalidad va en una escala ascendente. Con el tiempo, vamos sumando inhabilidades. Quiere decir esta actitud, se vuelve acumulativa. Cualquier actividad física o función a la cual nos rindamos, permanece perdida por el resto de nuestras vidas. Por ejemplo, si sentimos que subir varios escalones nos es incómodo o doloroso, luego ya serán dos o tres escalones, y finalmente terminaremos desistiendo de subir cualquier escalón. Esto quiere decir que si un familiar o relacionado vive más arriba de un primer piso en un edificio de apartamentos sin ascensor, terminaremos optando por no visitar más a esta persona, porque “ya es imposible subir esa escalera”. Empezaremos a sentir que ya no podemos subir las piernas para amarrarnos cualquier zapato o tenis, o que nos da mucha dificultad levantarnos de una silla. Están estas acciones relacionadas? Por supuesto, simplemente estas actividades utilizan los mismo músculos.

Siempre existe una señal que el cuerpo nos envía para percatarnos del deterioro en nuestra habilidad física. Por supuesto, la mayor parte de las veces esto lo vamos achacando a la edad, y por eso decimos “yo ya no puedo subir las escaleras, tu sabes, cosas de la edad, el ácido “viejúrico”, etc. Una señal es simplemente un aviso, algo que tiene por objetivo captar nuestra atención. En este punto, es el momento de tomar una decisión de tomar acción sobre ello o simplemente dejar que la escala de deterioro progrese.
En ocasiones tomamos la decisión de reiniciar el ejercicio, porque estamos “oxidados”, y por un par de semanas nos vamos al parque a caminar, nos inscribimos o reinscribimos en el gimnasio, pero, sentimos que ya no es igual que antes, que todo nos duele, la espalda, las rodillas, etc. Quizás es cuestión de hacer mas, de hacer menos, de hacerlo diferente, trazamos diversas estrategias, pero, pese a nuestros mejores esfuerzos sentimos que ya perdimos la posibilidad de estar en forma de nuevo. Nos embarga la frustración y a posteriori, lo peor, el conformismo.

En este punto nos situamos en una situación precaria, la de pensar “lo que antes funcionaba, ya no funciona más”. Entonces, pensamos que deberíamos iniciar otras actividades más “suaves”, y nos apuntamos a una clase de yoga, o estiramiento, pero, una vez más sentimos que todo nos da mucho trabajo.

Cualquiera que esté leyendo esto debe estar pensando “eso se llama envejecimiento”, no es así? Y…uhmm…es verdad, eso pasa, es algo inevitable, nos pasa a todos. Pero, el punto es que no tiene que pasar al menos al grado que hemos explicado o a tan tempranas edades. No tiene que ser así. Es cierto que con la edad vamos perdiendo agua y los tejidos pierden flexibilidad, pero, no menos cierto es que gran parte de lo que cae dentro de la categoría de envejecimiento normal es simplemente el resultado de varios elementos combinados como la pérdida de fuerza muscular, flexibilidad y alineación. No nos movemos lo suficiente, y por eso nos debilitamos y perdemos flexibilidad, y por lo tanto nuestro cuerpo pierde su alineación.

El nivel que más nos hace ver “viej@s” es la manera en que nos movemos, o mejor dicho como no nos movemos, por eso la gente tiende a decir “camina como un(a) viejit@”, implicando esa manera de moverse en limitados rangos de movimientos. Los estudios han demostrado que el mayor temor de la gente al pensar o estar en la tercera edad, no es el morir, sino más bien el sentirse “inhabilitad@”. Esto está estrechamente relacionado a nuestra inherencia biológica de animales de movimiento, como tales tenemos un intuitivo sentido de que nuestra vida depende del movimiento. El no poder ser capaz de realizar las cosas que comúnmente hacemos. Sabemos que detenernos es como morir. Y la pérdida de la función es una forma gradual de inhabilitarnos. Dejar de movernos es morir.

No es un secreto que la “civilización” ha conllevado a una pérdida de actividades en nuestras vidas. Ya no realizamos todas las acciones físicas que requerían siglos atrás la sobrevivencia. Quiere decir, la sociedad actual ya no requiere que nos movamos mucho. Hasta los otros días, necesitábamos pararnos para cambiar los canales de la televisión, hoy en día con un simple control remoto sin movernos logramos eso. Hoy en día tenemos escaleras eléctricas, ascensores, puertas que se abren automáticamente, etc. La tecnología apunta a lograr que las cosas se realicen de manera más fácil en sacrificio de movernos menos. En estos días un cliente mío me dijo que había contratado a alguien que le estaba automatizando toda la casa, todo se iba a lograr con un botón, abrir las ventanas, cerrarlas, etc. En realidad me lo contó como todo un triunfo, y mi perplejidad me incapacitó de articular una palabra de respuesta. La tecnología inventada para ayudar a las personas – haciendo las cosas más fáciles y rápidas – ahora amenaza nuestra existencia. Las cosas que antes eran un lujo ahora llegaron a ser una necesidad. Más y más personas se niegan a subir y bajar escaleras, o a abrir una puerta pesada. Y esto está pasando cada vez más en personas jóvenes. En conclusión, estamos llegando a ser una sociedad de incapacitados físicamente. Si no estamos alertas, la tecnología conspira en hacernos débiles y más débiles.

A medida que envejecemos no solamente vamos disminuyendo el movimiento sino también la variedad. Y esto está estrechamente vinculado a nuestros estilos de vida actuales que no requieren mucho movimiento o precisan los mismos movimientos repetitivos. Agotamos un ciclo que se repite diariamente, nos levantamos, tomamos el auto para manejar hasta el trabajo, nos sentamos en el escritorio en el trabajo por un mínimo de 8 horas, y volvemos a manejar hasta la casa. Si analizamos esto, veremos que no nos movemos lo suficiente y hay muy poca variedad de movimientos, siendo estos básicamente los mismos diariamente. No nos doblamos, alargamos para alcanzar, estiramos o levantamos muy poco peso en nuestras actividades diarias. Y este hábito es lo que marca el que los músculos que no usamos con frecuencia van debilitándose para dar luego con que nos sorprendemos de cosas que ya no podemos hacer. Quiere decir si nunca nos tiramos al suelo, como puede sorprendernos que nos cueste gatear? Todo se vuelve un círculo vicioso.

Los músculos que no se usan se acortan entrando en contractura crónica, perdiendo su habilidad de estirarse, lo que restringe nuestros rangos de movimientos en las diferentes articulaciones involucradas. Nuestro mundo de acción, al igual que nuestros rangos de movimientos se va haciendo más pequeño.

Los músculos que no ejercitamos porque no están incluidos en nuestro radio de acción diaria se vuelven débiles. Realmente, en nuestro accionar diario no levantamos mucho peso. Permanecemos sentad@s por largas horas durante el día. Y los músculos dominantes que sí usamos todo el tiempo dominan a los debilitados.

De lo que no somos conscientes es que esta realidad, de músculos acortados, tensos que pierden su rango de movimiento y otros músculos que llegan a estar debilitados tiene sus consecuencias. Ella marca el inicio de las dificultades que empezamos a notar y ademán facilitan que nuestra alineación postural comience a colapsar.

CONCLUSION: nuestro cuerpo está ansioso por moverse. Recuerden, vivimos en una sociedad motivada a moverse cada vez menos. Cuando usted pueda camine, en vez de andar en el automóvil, no quiera estacionarse siempre frente a los establecimientos que visita, busque un espacio que le obligue a caminar un poco. Suba las escaleras en vez de tomar el ascensor. Haga cosas a la manera física en vez de descansar en la tecnología. Conspire contra la pérdida de movimiento en su vida. En su casa, en vez de pagarle a alguien para que siempre haga las cosas por usted, anímese a hacer alguna de ellas al menos, como pintar, rastrillar el jardín, etc. Todas estas actividades proveen de mucho estímulo a esos músculos sub trabajados. Todas estas actividades son excelentes como cualquier otro ejercicio. Haga cosas diferentes, gatear con los niños, escalar, bailar, estirarse. El movimiento es vida.

5 Responses to “Inactividad vs. Perdida de la Función”

  1. Federico Schad

    May 5th, 2013

    Excelente articulo. Muy atinado.

  2. ROSA INES MEDINA

    May 13th, 2013

    Amiga,
    Como siempre, un articulo sin desperdicio… a subir escaleras!!!
    Abrazo,
    RIM

  3. J. Vidal

    May 15th, 2013

    Excelente! En la actualidad mi padre esta padeciendo una crisis de movilidad preocupante. Si me permite quiero compartir esta atinada publicacion en el FB.
    Saludos.

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