¿Somos un cuerpo o tenemos un cuerpo?

por el 23/04/13 at 2:41 pm

“Es evidente que poco de nosotros hemos perdido la cabeza, pero hace mucho tiempo que la mayoria de nosotros hemos perdido el cuerpo” – Ken Wilber

La demarcación entre cuerpo y mente ha sido una frontera muy recurrente en el mundo dicotómico en que vivimos. Esta demarcación marca la batalla entre el cuerpo y la mente. El cuerpo se concibe como algo externo a mí. Hablamos de “me duele el cuerpo”, en vez de “me duele mi cuerpo”, “me duele la cabeza” en vez de “me duele mi cabeza”, “tengo el estómago enfermo”, en vez de “mi estómago está enfermo”. Como si las vísceras y órganos no formaran parte de mí. Como si los huesos, músculos, carne y piel solo sirvieran para darle una fachada a mi ego.

Entiendo que todas esas partes son mías, pero, mi mente de manera inconsciente traza una estrategia, una trampa para recursarlo y destinarlo a algún área que no quiero reconocer como propia. Nos negamos a establecer y mantener un contacto con la totalidad del organismo o ser. Nos convertimos meramente en nuestro ego. El ego que domina y controla. Empezamos a negar el cuerpo y a subyugarlo, y someterlo bajo el dominio del ego. La mente arma su juego de poder frente al cuerpo. Lo castiga, lo aísla, y sólo lo reconoce cuando es imposible de obviar. El cuerpo es como un conservador que alberga mi “yo”, el cual se impone. El cuerpo es mío, pero, no es yo. El yo toma el control justamente asilando la parte corpórea que lo contiene. Esa parte a quien la mayoría de las veces castigo pero consiento muy pocas veces. El cuerpo ni siquiera ocupa mi mente. No es algo que tengo en cuenta. Vivo en él, pero, como si no existiera, vivo para el cuerpo, pero sin una clara conciencia de ello. Y cuando nos llama  la atención a través de una molestia corporal o, todavía mejor, a través del dolor empezamos a montarnos inmediatamente una película buscando los protagonistas del cuadro. Adjudico mis molestias a agentes externos: un virus, una bacteria, un colchón gastado, una almohada incómoda, una silla muy mala, un escritorio muy alto, etc. Todo menos yo. El cuerpo duele porque alguien o algo externo le hizo algo. No queremos ver que el cuerpo duele porque nosotros hacemos algo, nosotros nos hacemos algo a nosotros mismos, a nuestro propio cuerpo.

Solo la idea de tomar un momento de nuestro tiempo para sentir su presencia nos da una pereza. Amén de las implicaciones que cubre. En el cuerpo habita un conglomerado de nuestras experiencias, vivencias, emociones, razones y tabúes. A medida que crecemos el cuerpo se va moldeando bajo la influencia de todos ellos. Va creando su propia fortaleza, su propia “coraza” como le llamaba Reich, o “Bloqueos” según Alexander Lowen. Va creando las restricciones que impactaran la eficiencia de su funcionamiento. Va albergando también nuestra sombra. Aquello que forma parte de mi personalidad que yo no veo. Hacer el cuerpo parte de mí, conectar con mi cuerpo significa conectar con todo el paquete envuelto. Inconscientemente nos negamos a ello. Por eso, no me preocupo. Prefiero desviar mi atención hacia motivaciones más “productivas”. La batalla sigue. Un cuerpo sumiso no grita, no exige. Un cuerpo rebelde, inconforme con la realidad escindida busca llamar la atención, ese cuerpo duele. La vulnerabilidad del cuerpo al dolor hace que el ego se sienta acorralado. La primera intención es apartarse del dolor, “resolver eso pronto”, pero, desde esta óptica la rebeldía del cuerpo no es más que un acto liberador si la mente se abre a ello. Pero, la mayoría de las veces no tenemos el tiempo.

Vivimos en la época del “no tener tiempo”, y el cuerpo está en los primeros lugares de la lista de no invitados a la repartición del tiempo “preciado”, el tiempo que apremia. Todos nuestros problemas son de tiempo y se dan en el tiempo. Si nuestra mente siente culpa, amargura, arrepentimiento, éstas vienen de acciones pasadas, y si sentimos miedo, angustia, entonces vienen de acciones futuras que vemos venir. Entonces, el presente no existe porque no hay tiempo.  Como diría el místico, todos nuestros problemas se generan por nuestra esclavitud al tiempo. Y cuando el cuerpo nos llama la atención, es un forzarnos  a aterrizar en el presente. Porque el dolor de cabeza o de espalda que podamos sentir en el momento, no se siente en el pasado ni en el presente, se siente en el ahora mismo. Y justamente para el ahora no queremos tener tiempo. No queremos dejar de generar ingresos, de ir al trabajo, o como  decimos de “perder el tiempo” teniendo que atender al cuerpo yendo al médico o al terapeuta o simplemente sacando tiempo para hacer ejercicio o cocinar alimentos saludables, porque en este caso la angustia del futuro tiene más peso.

El cuerpo es un recordatorio de la muerte. El cuerpo es mortal. Es finito. Termina. El ego se cree infinito, perenne. Es una ilusión. Una trampa de la mente. Y nos negamos a la muerte, por lo tanto nos negamos al cuerpo. Cuando el cuerpo grita porque la carga se empieza a tornar pesada, nuestra primera respuesta es la negación. Una reacción común de la mente es ignorar, no poner caso a las señales que emite el cuerpo. Y solo cuando esa “molestia” se vuelve constante, aguda e insoportable, entonces, salgo corriendo en busca de soluciones a la rebelión del cuerpo. Surge el miedo. La enfermedad nos recuerda el destino del fin. El deterioro del cuerpo a destiempo es una llamada de alerta de que algo no anda bien, pero, todavía nos negamos a ello. Cuando el deterioro traspasa el nivel de lo solucionable, entonces, el ego se vuelca, se vuelve humilde, el cuerpo gano la batalla, y en los últimos días intentamos reconciliarnos con el organismo y empezamos a ver la unidad y a eliminar gradualmente la demarcación de la realidad cuerpo-mente. Es común ver como muchas personas en este nivel se abocan a intensificar sus devociones religiosas. No tendriamos que esperar a la proximidad de la muerte para rescatar esa parte de nuestro ser que es el cuerpo físico. El logro de la conciencia de la unidad cuerpo-mente es el primer paso para empezar a curar no sólo el cuerpo sino la mente. Pero, de esto seguiremos hablando más adelante.

9 Responses to “¿Somos un cuerpo o tenemos un cuerpo?”

  1. Mari Mora

    Abr 23rd, 2013

    Interesante reflexión acerca de una realidad que los occidentales no percibimos, y es la absoluta conexión entre cuerpo y mente. Felicitaciones a Isis Martínez por tan brillante iniciativa que cubre un importante hueco en nuestra prensa.

  2. Altagracia Balcacer Molina

    Abr 24th, 2013

    Es muy interesante lo que la autora plantea en este articulo, debido a que es muy cierto que pocas veces pensamos en nuestro cuerpo desde el mismo, por lo que establecemos una separacion entre mente y cuerpo en el accionar de cada dia, pero lo mejor es que el articulo es una provocacion a ese pensamiento. Felicidades!!

    • Isis Martinez P.

      Abr 25th, 2013

      Justamente esa era mi intencion. Gracias por su comentario.

  3. Altagracia Valdez Cordero

    Abr 24th, 2013

    Muy buen articulo compañera Martínez!!! validar esa unicidad entre cuerpo y mente que tanto trabajaron W. Reich, A. Lowen, J. Pierrakos, D. Shapiro, entre otr@s, es una hermosa tarea que debemos seguir tod@s l@s terapeutas corporales de estos tiempos.

    • Isis Martinez P.

      Abr 25th, 2013

      Si, y creo que es responsabilidad de nosotras como educadoras incluir eso en nuestros cursos y talleres como un elemento que no debe faltar. Gracias por su comentario colega.

  4. Rosa Ines Medina

    Abr 26th, 2013

    Mi querida Isis,
    Excelente reflexion para poner la atencion debida a esa unidad que somos.
    RIM

  5. Raquel del Rio

    May 1st, 2013

    Que articulo tan maravilloso y tan necesario! Te felicito Isis! Gracias por hacer este llamado a la conciencia. Pero no a la conciencia que genera culpa sino a aquella que nos recuerda que debemos saborear el aqui y el ahora con todo nuestro ser (cuerpo, mente y espiritu). Espero que nuestro cuerpo deje de ser algo que tenemos que vencer y se convierta en nuestro gran aliado y maestro. Admiro tu compromiso y tu entrega en tu trabajo como terapeuta y como educadora. Gracias!

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